¡Esa esponja gris! Ese marinero recién degollado. Ese río grande. Esa brisa de límites oscuros. Ese filo, amor, ese filo. Estaban los cuatro marineros luchando con el mundo con el mundo de aristas que ven todos los ojos, con el mundo que no se puede recorrer sin caballos. Estaban uno, cien, mil marineros luchando con el mundo de las agudas velocidades, sin enterarse de que el mundo estaba solo por el cielo.
El mundo solo por el cielo solo. Son las colinas de martillos y el triunfo de la hierba espesa. Son los vivísimos hormigueros y las monedas en el fango. El mundo solo por el cielo solo y el aire a la salida de todas las aldeas.
Cantaba la lombriz el terror de la rueda y el marinero degollado cantaba el oso de agua que lo había de estrechar y todos cantaban aleluya, aleluya. Cielo desierto. Es lo mismo, ¡lo mismo!, aleluya. He pasado toda la noche en los andamios de los arrabales dejándome la sangre por la escayola de los proyectos, ayudando a los marineros a recoger las velas desgarradas. Y estoy con las manos vacías en el rumor de la desembocadura. No importa que cada minuto un niño de nueve años agite sus ramitos de venas, ni que el parto de la víbora, desatado bajo las ramas, calme la sed de sangre de los que miran el desnudo. Lo que importa es esto: hueco. Mundo solo. Desembocadura. Alba no. Fábula inerte. Sólo esto: Desembocadura. ¡Oh esponja mía gris! ¡Oh cuello mío recién degollado! ¡Oh río grande mío! ¡Oh brisa mía de límites que no son míos! ¡Oh filo de mi amor, oh hiriente filo!
SAN JUAN DE LA CRUZ España, 1542
ROMANCE 8
Prosigue la misma materia
Entonces llamó a un arcángel, que San Gabriel se decía, y enviólo a una doncella que se llamaba María, de cuyo consentimiento el misterio se hacía; en la cual la Trinidad de carne al Verbo vestía. Y aunque tres hacen la obra, en el uno se hacía; y quedó el Verbo encarnado en el vientre de María. Y el que tenía sólo Padre, ya también Madre tenía, aunque no como cualquiera que de varón concebía; que de las entrañas de ella él su carne recibía: por lo cual Hijo de Dios y del hombre se decía.
ROMANCE 9
Del nacimiento
Ya que era llegado el tiempo en que de nacer había, así como desposado de su tálamo salía,
abrazado con su esposa, que en sus brazos la traía, al cual la agraciada Madre en un pesebre ponía,
entre unos animales que a la sazón allí había: los hombres decían cantares, los ángeles melodía,
festejando el desposorio que entre tales dos había: pero Dios en el pesebre allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa al desposorio traía; y la Madre estaba en pasmo de que tal trueque veía;
el llanto del hombre en Dios, y en el hombre la alegría, lo cual del uno y del otro tan ajeno ser solía.
FERNANDO PESSOA Portugal, 1888
NAVIDAD
Nace un dios. Otros mueren. La Verdad No vino ni se fue: el Error cambió. Tenemos ahora otra Eternidad, Y era siempre mejor lo que pasó. Ciega, la Ciencia la inútil gleba labra. Loca, la Fe vive el sueño de su culto. Un nuevo dios es sólo una palabra. No busques ni creas más: todo es oculto.
En condiciones normales, nada nos parece tan seguro como la sensación de nuestra mismidad, de nuestro propio yo. Se nos presenta como algo independiente, unitario, bien demarcado frente a todo lo demás. Pero la investigación psicoanalítica nos demuestra que esa apariencia es engañosa: el yo se continúa hacia dentro, sin límites precisos, con una entidad psíquica inconsciente que llamamos “ello” y a la cual sirve como de fachada. Pero por lo menos, hacia el exterior, parece que el yo mantiene sus límites claros y precisos.
Sin embargo, observamos que existen algunos estados en que esos límites se pierden. Uno de estos estados, que no podemos calificar de patológico es el enamoramiento: el límite entre el yo y el objeto amoroso amenaza con esfumarse. El enamorado afirma que yo y tú son uno, y está dispuesto a comportarse como si realmente así fuera. Pero también pueden presentarse estados patológicos en los que la demarcación del yo frente al mundo exterior se muestra incierta o donde esos límites incluso llegan a confundirse. Por ejemplo casos en los que partes del propio cuerpo se viven como si fueran extraños y no pertenecieran al yo, o componentes del propio psiquismo: percepciones, pensamientos, sentimientos. O casos en los que se atribuye al mundo exterior lo que a todas luces procede del yo (como por ejemplo en los celos proyectados, nacen de la culpa de la propia infidelidad o del temor de cometerla). El que este sentimiento yoico esté sujeto a trastornos, nos demuestra que los límites del yo con el mundo exterior no son inmutables.
Pero este sentido yoico del adulto no ha sido así desde el principio, sino que ha sufrido una evolución.
El lactante, no diferencia su yo de un mundo exterior, como fuente de las sensaciones que le llegan. Será gradualmente que lo va aprendiendo por influencia de diversos estímulos. Se va a ir dando cuenta de que hay algunas fuentes de excitación- que después reconocerá como los órganos de su propio cuerpo- que le provocan sensaciones en cualquier momento, mientras que otras se le apartan temporalmente como la más anhelada por él, el seno materno, a la que ha de atraer mediante el llanto. Así empieza a diferenciar entre el yo y un objeto que se encuentra afuera y que para que aparezca hay que realizar una acción particular. Otro de los estímulos que le hace darse cuenta de que existe un afuera serán las sensaciones de dolor y displacer que tiende a evitar.
El sujeto psíquico, desde su nacimiento, se rige por un principio, el Principio de placer que le impone al sujeto la tendencia a conseguir lo que fantasea sin realizar trabajo alguno. Es una tendencia a lo inanimado, a un estado de tensión cero, a evitar cualquier displacer o aplazamiento de la satisfacción de sus necesidades que la realidad le imponga. Afortunadamente, el aparato psíquico también necesita de otro principio para su funcionamiento, el Principio de realidad, una instancia que le señala los límites y que trabaja con el deseo. Si sólo existiera el principio del placer el sujeto alucinaría comer y esperaría a que se satisfaga su necesidad sin realizar acción alguna. Se moriría.
Surge así la tendencia a disociar del yo todo aquello que pueda convertirse en fuente de displacer, a expulsarlo de sí, a formar un yo puramente hedónico, placiente que se enfrentaría con un “no-yo”, con un “afuera” ajeno y amenzante.
Después la experiencia hará que se produzcan reajustes en estos límites, porque gran parte de lo que uno no quisiera abandonar porque produce placer no pertenece al yo, sino a los objetos. Y al contrario, muchos de los sufrimientos de los que uno pretende desembarazarse resultan ser inseparables del yo, son de procedencia interna.
Cuando el yo, para defenderse de los estímulos displacientes de su interior utilice los mismos métodos que le sirven contra el displacer externo, se producirán importantes trastornos patológicos.
El pasado miércoles 2 de diciembre concluyó el ciclo de conferencias “Psicoanálisis y Sociedad” celebrado en la Universidad de Alcalá. La encargada de cerrar el ciclo fue la Doctora Alejandra Menassa, Médico y Psicoanalista del Grupo Cero y Directora del Departamento de Medicina Psicosomática del mismo Grupo. La Doctora nos habló de la importancia del Psicoanálisis para la Biología y la Medicina y atendió las apasionadas preguntas y comentarios que los estudiantes de la universidad pusieron de manifiesto. Entre ellos se encontraban estudiantes de Medicina, Enfermería, Biología, Farmacia, etc. Fue una magnífica oportunidad para la reflexión y la discusión entre los futuros profesionales de la salud española.
Una voz en la radio dice últimas palabras. Me entretengo con el humo y me ocurren mil fantasías y ninguna tiene que ver con recostarme tranquilamente en la cama y dormir.
Entre tantos papeles terminaré siendo un escritor y fijo mi mirada en la lejanía y dejo que la historia del hombre irrumpa con la violencia de su sino mi noche.
Enciendo cigarrillos a mansalva uno detrás de otro como si fueran centelleantes granadas contra los opresores.
Desde hace millones de años el hombre vive de rodillas.
Las granadas estallan en mi rostro.
Primitivas presencias pueblan mi noche de salvajes ritos.
Ceremonias donde la muerte siempre es una canción sublime y misteriosa. Bestias indomables semejantes al hombre por la torpeza de sus movimientos danzan a mi alrededor iracundos silvestres.
En un mal castellano me dicen que su jefe quiere charlar conmigo.
Sentado en mi cama escribiendo pido que dejen de rugir tambores que cese la danza que me dejen escribir este poema.
El hombre tiene hambre y sed desde milenios.
Somos ese hombre hambriento y sediento poeta cantad con nosotros: Venimos de la Mesopotamia y del Caribe y buscando la perfección hemos llegado hasta los mundos que se esconden por encima del cielo y no hemos encontrado nada.
Siempre hay un hombre que tiene hambre. Siempre hay un hombre que se muere de sed.
Aquí mismo poeta en tu casa anidan el opresor y el oprimtdo.
Sentado sobre mi cama escribiendo les digo a los salvajes que ya es noche tarde que por favor dejen de danzar que necesito hundirme entre las letras mi hambre mi única sed.
Dejaron de danzar y el que se destacaba por su tremenda humanidad me fulminó con su mirada.
¿Quién es más cruel? Poeta ¿Quién más salvaje? El que muere peleando por un trozo de pan o el que no muere nunca. Quién producirá el exterminio poeta. Mis armas o tus versos.
Y ahora poeta deja la pluma echa a andar y piensa.
Sentado sobre mi cama escribiendo le digo al salvaje que no quiero irme de mi pieza y que siempre supe que pensar no era necesario y que deseo es la última vez que se lo digo seguir escribiendo este poema.
Antes de continuar me detengo en la inteligencia del salvaje: habla bien y mientras habla deja escapar entre las palabras el aliento para que todo suene vital desgarrador.
Yo soy el hombre grita la bestia encadenada y tú poeta ¿eres el hombre? Escribir para quién dónde los amigos y dónde los enemigos.
Dime poeta ¿tu canto necesita del futuro para ser? Ese poema que escribes contra todo a quién le servirá.
A ver poeta un verso que me diga ahora mismo ¿qué es el hombre?
Sentado sobre mi cama escribiendo me doy cuenta que la inteligencia del salvaje terminará quemando todos mis papeles escritos en esa hoguera que fueron construyendo a mi alrededor sus palabras.
Dejo de escribir lo miro fijamente a los ojos y murmuro sus propias palabras en un solo verso un hombre en un solo verso un hombre y me decido a escribir ese verso.
Sostengo con mi mirada la mirada del salvaje y con rápidos movimientos tomo la ametralladora y disparo varias ráfagas sobre el cuerpo del salvaje que con los ojos desorbitados por el asombro cae para morir y desaparecer.
Sentado sobre mi cama escribo ahora con la seguridad de quien ha llegado a la cima:
Un poeta asesinó su hombre para escribir este poema y eso es un hombre.
El pasado miércoles 11 de Noviembre tuvo lugar la conferencia “El malestar en la cultura” del ciclo “Psicoanálisis y sociedad” que se viene impartiendo en la Universidad de Alcalá de Henares- Facultad de Enfermería. Después de la exposición – a cargo de Sergio Aparicio (médico psicoanalista)- se abrió un intenso debate con preguntas y reflexiones que a veces sorprendían a quienes las formulaban: Un alumno expresaba “esto no lo entiendo…o quizá es demasiado revolucionario para mi”. Otra alumna decía “lo de ser inconscientes es quizá porque no queremos saber nada de eso” Fue una experiencia del efecto que genera el psicoanálisis: La inteligencia se construye, el deseo en la cultura es posible, y los estudiantes universitarios son jóvenes despiertos cuando se les propone una ciencia con la dimensión de lo humano. Próximas conferencias:
- Miércoles 18 de Noviembre EL PORQUÉ DE LA GUERRA Magdalena Salamanca (Psicoanalista)
- Miércoles 25 de Noviembre INTERÉS DEL PSICOANÁLISIS PARA LA PSICOLOGÍA, LA FILOLOGÍA, LA FILOSOFÍA, LA PEDAGOGÍA Y LA SOCIOLOGÍA Manuel Menassa (Psicólogo y Psicoanalista)
- Miércoles 2 de Diciembre INTERÉS DEL PSICOANÁLISIS PARA LA BIOLOGÍA Y LA MEDICINA Alejandra Menassa (Médico y Psicoanalista)
Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido: bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor, pues el delito mayor del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber para apurar mis desvelos (dejando a una parte, cielos, el delito del nacer), ¿qué más os pude ofender para castigarme más? ¿No nacieron los demás? Pues si los demás nacieron, ¿qué privilegios tuvieron que no yo gocé jamás?
Nace el ave, y con las galas que le dan belleza suma, apenas es flor de pluma, o ramillete con alas, cuando las etéreas salas corta con velocidad, negándose a la piedad del nido que deja en calma; ¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad?
Nace el bruto, y con la piel que dibujan manchas bellas, apenas signo es de estrellas (gracias al docto pincel), cuando, atrevido y cruel, la humana necesidad le enseña a tener crueldad, monstruo de su laberinto: ¿y yo con mejor instinto tengo menos libertad?
Nace el pez, que no respira, aborto de ovas y lamas, y apenas bajel de escamas sobre las ondas se mira, cuando a todas partes gira, midiendo la inmensidad de tanta capacidad como le da el centro frío: ¿y yo, con más albedrío, tengo menos libertad?
Nace el arroyo, culebra que entre flores se desata, y apenas, sierpe de plata, entre las flores se quiebra, cuando, músico, celebra de los cielos la piedad, que le dan la majestad del campo abierto a su huida: ¿y teniendo yo más vida tengo menos libertad?
En llegando a esta pasión, un volcán, un Etna hecho, quisiera sacar del pecho pedazos del corazón. ¿Qué ley, justicia o razón, negar a los hombres sabe privilegio tan suave excepción tan principal, que Dios le ha dado a un cristal, a un pez, a un bruto y a un ave?
...
¿Que quizá soñando estoy, aunque despierto me veo? No sueño, pues toco y creo lo que he sido y lo que soy. Y aunque ahora te arrepientas, poco remedio tendrás; sé quién soy, y no podrás, aunque suspires y sientas, quitarme el haber nacido de esta corona heredero; y si me viste primero a las prisiones rendido, fue porque ignoré quién era; pero ya informado estoy de quién soy, y sé que soy un compuesto de hombre y fiera. ...
Es verdad; pues reprimamos esta fiera condición, esta furia, esta ambición, por si alguna vez soñamos; y sí haremos, pues estamos en mundo tan singular, que el vivir sólo es soñar; y la experiencia me enseña que el hombre que vive, sueña lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe, y en cenizas le convierte la muerte, (¡desdicha fuerte!); ¿que hay quien intente reinar, viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí de estas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
El pasado miércoles día 4 de noviembre se celebró en la Escuela de Enfermería y Fisioterapia de la UAH la sesión de apertura del ciclo de conferencias “Psicoanálisis y Sociedad”, organizada por Juventud Grupo Cero, la UAH y el Consejo de Estudiantes de la UAH. Virginia Valdominos fue la encargada de impartir la primera conferencia titulada “La felicidad: ¿una argucia del sistema?” en la que los asistentes tuvieron oportunidad de conversar y reflexionar desde la perspectiva psicoanalítica acerca de cuestiones como qué es la felicidad, las diferentes técnicas utilizadas por el hombre para intentar alcanzarla y por qué al ser humano le resulta tan difícil ser feliz. El número de participantes fue de 100 y el de solicitudes de participación de 140.
Los próximos encuentros nos permitirán seguir conversando sobre otras interesantes materias, objeto de la investigación psicoanalítica:
-Miércoles 11 de Noviembre EL MALESTAR EN LA CULTURA. Sergio Aparicio (Médico y Psicoanalista)
- Miércoles 18 de Noviembre EL PORQUÉ DE LA GUERRA. Magdalena Salamanca (Psicoanalista)
- Miércoles 25 de Noviembre INTERÉS DEL PSICOANÁLISIS PARA LA PSICOLOGÍA, LA FILOLOGÍA, LA FILOSOFÍA, LA PEDAGOGÍA Y LA SOCIOLOGÍA. Manuel Menassa (Psicólogo y Psicoanalista)
- Miércoles 2 de Diciembre INTERÉS DEL PSICOANÁLISIS PARA LA BIOLOGÍA Y LA MEDICINA. Alejandra Menassa (Médico y Psicoanalista)
Mi portento inmediato, mi frenética pasión de cada día, mi flor, mi ángel de cada instante, aun como el pan caliente con olor de tu hornada, aun sumergido en las aguas de Dios, y en los aires azules del día original del mundo: dime, dulce amor mío, dime, presencia incógnita, 45 años de misteriosa compañía, ¿aún no son suficientes para entregarte, para desvelarte a tu amigo, a tu hermano, a tu triste doble?
¡No, no! Dime, alacrán, necrófago, cadáver que se me está pudriendo encima desde hace 45 años, hiena crepuscular, fétida hidra de 800.000 cabezas, ¿por qué siempre me muestras sólo una cara? Siempre a cada segundo una cara distinta, unos ojos crueles, los ojos de un desconocido, que me miran sin comprender (con ese odio del desconocido) y pasan: a cada segundo.
Son tus cabezas hediondas, tus cabezas crueles, oh hidra violácea.
Hace 45 años que te odio, que te escupo, que te maldigo, pero no sé a quién maldigo, a quién odio, a quién escupo.
Dulce, dulce amor mío incógnito, 45 años hace ya que te amo.
Si te postran diez veces, te levantas Otras diez, otras cien, otras quinientas... No han de ser tus caídas tan violentas Ni tampoco, por ley, han de ser tantas. Con el hambre genial con que las plantas Asimilan el humus avarientas, Deglutiendo el rencor de las afrentas Se formaron los santos y las santas. Obsesión casi asnal, para ser fuerte, Nada más necesita la criatura y en cualquier infeliz se me figura Que se rompen las garras de la suerte... ¡Todos los incurables tienen cura Cinco segundos antes de la muerte!
¡PIU AVANTI!
No te des por vencido, ni aún vencido, No te sientas esclavo, ni aún esclavo, Trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz, ya mal herido. Ten el tesón del clavo enmohecido, Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo; No la cobarde intrepidez del pavo Que amaina su plumaje al primer ruido. Procede como Dios que nunca llora, O como Lucifer, que nunca reza, O como el robledal, cuya grandeza Necesita del agua y no la implora... iQue muerda y vocifere vengadora, Ya rodando en el polvo tu cabeza!
¡MOLTO PIU AVANTI!
Los que vierten sus lágrimas amantes Sobre las penas que no son sus penas; Los que olvidan el son de sus cadenas, Para limar las de los otros antes; Los que van por el mundo delirantes, Repartiendo su amor a manos llenas, Caen, bajo el peso de sus obras buenas Sucios, enfermos, trágicos... ¡sobrantes! ¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos! ¡Nunca sigas impulsos compasivos! ¡Ten los garfios del odio siempre activos, Y los ojos del Juez siempre despiertos!... ¡Y al echarte en la caja de los muertos, Menosprecia los llantos de los vivos!
¡MOLTO PIU AVANTI ANCORA!
El mundo miserable es un estrado, Donde todo es estólido y fingido, Donde cada anfitrión guarda escondido Su verdadero ser, tras el tocado.
No digas tu verdad ni al más amado; No demuestres temor ni al más temido; No creas que jamás te hayan querido Por más besos de amor que te hayan dado. Mira cómo la nieve se deslíe Sin que apostrofe al sol su labio yerto, Cómo ansía las nubes el desierto Sin que a ninguno su ansiedad confíe... ¡Trema como el Infierno; pero ríe! ¡Vive la vida plena, pero muerto!
¡MOLTISSIMO PIU AVANTI ANCORA!
Si en vez de las estúpidas panteras y los férreos estúpidos leones, Encerrasen dos flacos mocetones En esa frágil cárcel de las fieras, No habrían de yacer noches enteras En el blando pajar de sus colchones, Sin esperanzas ya, sin reacciones Lo mismo que dos plácidos horteras; Cual Napoleones pensativos, graves, No como el tigre sanguinario y maula, Escrutrarían palmo a palmo su aula, Buscando las rendija, no las llaves... ¡Seas el que tú seas, ya lo sabes: A escrutar las rendijas de tu jaula!
La cuarta edición de La noche en blanco llegó cargada de poesía. Grupo Cero la celebró con un maratón que atrajo al público durante toda la noche. 35 poetas leyeron poemas de grandes poetas: Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, César Vallejo, Carilda Oliver Labra, Olga Orozco, Luis Aragon, Vicente Aleixandre, entre otros, la jornada estuvo amenizada con el acompañamiento musical de Indios Grises y Kepa Ríos y con la participación especial de la guitarra de Guido Briscioli.
Miguel Menassa y Carmen Salamanca fueron los maestros de ceremonia de esta noche intensa donde la gran protagonista fue la poesía.
Además hubo música y cine: se proyectó el corto “De mutuo acuerdo”, se rifaron en distintos momentos de la noche gratuitamente un óleo y varios dibujos de Miguel Menassa y se regalaron libros de los poetas que participaron en el recital.
Cientos de personas disfrutaron de una jornada donde La noche en blanco se llenó de poesía.
1 Está desnuda, pero no se le ven los senos. Su vientre es una cavidad por donde sueña el mundo. De esa cavidad partió la esperanza.
2 Está desnuda y no tiene ojos, pero mira. Sabe dónde estás y te sigue. Cruje en los algodones cuando la noche llora en tu frente y camina silenciosa y segura. Alguien la engendró para medir las palabras y está desnuda y llena de mundo, y lo tiene todo y está vacía.
3 Cuando extiende la mano no la ves. La ve el perro cuando aúlla o cuando duele el pecho, el niño cuando te mira o el viejo cuando pide. Todos la ven, pero tú no, porque estás dentro de ella. La ven las tinieblas y la sangre, el grito que se deshace y la ausencia que crece en el muro.
4 Ella es un círculo cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna. Tiene un número que imprime en tu paladar. La cifra es la cantidad de palabras que debes pronunciar. Cuando la cantidad está cubierta, la cifra se borra. Cuando la cifra se borra puedes verla, pero ya nadie te ve.
Era imposible detener tanta partida todos huían. Venían en tropel las madres, madres descuartizadas por el dolor madres dormidas, madres locas, alcohólicas madres prostituidas, hambrientas, insaciables. Tropillas encuadradas marcando un ritmo de herraduras venían persiguiendo a los que huían.
Yo, puse mi silla frente al mar y me quedé esperando, no escuché a mis espaldas ningún ruido. Madres muertas soplaban suavemente las olas que caían con gestos desmayados muy cerca de la orilla.
El próximo día 29 de abril dará comienzo el ciclo de conferencias "Lecciones Introductorias al Psicoanálisis" que Juventud Grupo Cero impartirá en la Universidad de Alcalá de Henares. Estás invitado a participar en las mismas.
Fecha: 29 abril, 6, 7, 13 y 14 de mayo.
Lugar: Escuela de Enfermería y Fisioterapia. Aula 4.
Horario: de 10:00 a 12:00.
Contenidos: Actos fallidos; los sueños; el sentido de los síntomas;
Él solía sentarse por las noches a pronunciar palabras de amor. Ella tejía sus certezas. Eran como un hombre y una mujer, bailando. Ella y Él eran un momento de amor, un sueño que se repite, siempre interrumpido. Ella, triste de recursos, era una forzada acompañante, detenida al borde del camino, intentaba obstaculizarlo de reproches. Él, le daba a veces algo de su espalda, para que ella intentara continuar su muerte-vida. Él, como los hombres, temía la soledad. Ella, como las mujeres, envidiaba la indiferencia, amaba la pereza. Ella esperaba de él, que él teniendo, ella tendría. Él sólo tenía lo que aparentaba. Él aparentaba lo que ella le permitía. Ella era hierática, muda. Esperaba su premio de amor, Él era capaz de morir de espanto ante aquellos ojos apremiantes. Muerto no estaba obligado a nada. Él era triste las tardes de otoño. Ella era la dueña de su cama. Ella, pobre, ambigua, se aferraba a los barrotes de la cárcel. Él, aburrido, atónito, lustrábalos. Ella estaba más allá del bien y del mal. Él, estaba más acá. Ella lo quería sin esperanzas. Él, centauro inoxidable, la amaba sin temor. Ella era como un hombre. Él era su mujer. Ella era como un hombre sin mujer. Él era como una mujer sin hombre. Ella era como una mujer, mujer. Él era como un hombre. Él era como un hombre muy hombre. Ella era como una mujer a solas.
Obra: El rapto de las hijas de Leucipo (1616). Autor: Rubens.
Es este el sacrificio: amar; oír las voces de los amados seres que habitan en nosotros. Sentir cómo se mueven con un rumor inmenso de mares y de bosques. Mirar sus ojos claros y sus cabellos puros. Tocar los mismos árboles y ver cómo se esconden idénticos crepúsculos en almas paralelas. Saber que si una tarde divina los hallamos, seremos de su sombra las lámparas de bronce.
Oír que nos imploran: escúchanos y síguenos. Por nuestra sangre corre magnífica la vida. Somos la misma vida. Nuestro calor es llama de cumbres y de soles. La tierra es una imagen de nuestra semejanza. Las cosas florecieron como nuestra virtud. El musgo de las piedras cayó de nuestro sueño, y el agua de los ríos descansa en nuestro amor.
Y, sin embargo, firmes en nuestro sacrificio, cerrar a cal y canto los ojos y los tímpanos. No oír jamás las voces de los amados seres que habitan en nosotros, ni ver cómo se mueven con un rumor inmenso de mares y de bosques. Saber que no seremos el polvo de sus plantas; la sal de su amargura ni el goce de sus goces.
Cerrar a cal y canto los ojos y los tímpanos. Dejar en nuestro pecho las manos, cual cerrojos que guardan un abismo, y atar a nuestros labios las iras y las voces. Bajar hasta unas lágrimas por un camino lleno de azules amapolas. Llevar sobre las sienes el signo de los mártires. Beber de unos dorados esteros que no existen. Vestir aquella túnica de la creciente nube. Y así, con un silencio de estrellas y de símbolos, por diáfanas mesetas y montes de zafiro, andar hacia las cúpulas de nuestra claridad, que están brillando, inmóviles.
La reina adúltera que perdió la cabeza por los músicos
Segunda esposa de Enrique VIII, Ana Bolena fue decapitada por orden de éste en 1536. La reina tenía 29 años y mantenía relaciones adúlteras con tres músicos de la corte. He aquí la confesión de Marcos, ante uno de los ministros del rey, según lo consigna el español Cristóbal Lozano en el siglo XVII:
“Digo, señor, que estando la reina un día acostada en su cama (...) me mandó que me acercase a ella. Llegué hincando la rodilla junto al lecho, y declaróme su voluntad y aficción. Y esperando ocasión de que el rey se ausentase de la corte, su criada Margarita me llamó una noche. Encerróme en su retrete, y a la hora del silencio, cuando ya todas las demás estaban recogidas, me sacó de allí y me llevó hasta la cama de la reina. Confieso, pues, que entonces, y otras muchas noches, con la misma traza, he ofendido con ella a mi rey, y que merezco el castigo. Nores y Briunton, según cosas que he visto, no están libres de pecado. De esto han manado mis bizarrías, las joyas y dineros. Conque he dicho cuanto pasa”.
Marcos, los otros dos músicos y Margarita también fueron ejecutados. Oros historiadores dirán algo distinto. Lozano lo refirió así y describió una reina impúdica y adúltera. Pero Araäljib, en su enigmático Infolio XIII, recordó que Enrique VIII era sifilítico y protector de un grupo de prostitutas con las que tenía acceso carnal, según lo afirmara mucho después Lo Duca. ¿Cómo, entonces, no le iba a ser infiel Ana Bolena? El sexo también crea el poder y mueve sus monstruos.
Si miro tus ojos, si acerco a tus ojos los míos, ¡oh, cómo leo en ellos retratado todo el pensamiento de mi [soledad! Ah, mi desconocida amante a quien día a día estrecho en los [brazos. Cuán delicadamente beso despacio, despacísimo, secretamente [en tu piel la delicada frontera que de mí te separa. Piel preciosa, tibia, presentemente dulce, invisiblemente [cerrada que tiene la contextura suave, el color, la entrega de la fina [magnolia. Su mismo perfume, que parece decir: "Tuya soy, heme [entregada al ser que adoro como una hoja leve, apenas resistente, toda aroma bajo sus [labios frescos". Pero no. Yo la beso, a tu piel, finísima, sutil, casi irreal bajo el [rozar de mi boca, y te siento del otro lado, inasible, imposible, rehusada, detrás de tu frontera preciosa, de tu mágica piel inviolable, separada de mí por tu superficie delicada, por tu severa [magnolia cuerpo encerrado débilmente en perfume que me enloque de distancia y que, envuelto rigurosamente, [como una diosa de mí te aparta, bajo mis labios mortales. Déjame entonces con mi beso recorrer la secreta cárcel de mi [vivir, piel pálida y olorosa, carnalidad de flor, ramo o perfume, suave carnación que delicadamente te niega, mientras cierro los ojos, en la tarde extinguiéndose, ebrio de tus aromas remotos, inalcanzables, dueño de ese pétalo entero que tu esencia me niega.
El sistema psíquico también se produce, el Inconsciente se construye. El niño, cuando nace no puede vivir solo. No posee una coordinación motora suficiente, ni desarrollados el sentido de la vista o la autorregulación de su temperatura, de tal forma que la madre, o quien ejerce esa función, se convierte en todo aquello que el niño necesita para no morir. La madre anticipa y calma todas sus necesidades, adquiriendo para el niño un cariz de ser todopoderoso (madre fálica) que le proporciona la vida y asegura su supervivencia, sin la cual él moriría. Al mismo tiempo él se concibe a sí mismo como el objeto de todo deseo de su madre, que sólo vive para amarlo, cuidarlo y protegerlo. El niño, ante la madre, no tiene dimensión sobre su propio cuerpo y viéndola a ella, como si de un espejo se tratase, es su propio cuerpo lo que cree ver, percibiendo a ambos como una unidad.
Sin embargo, llega un momento en que aparece un tercero, o mejor dicho, el niño se da cuenta de la existencia de un tercero que le roba el tiempo y el deseo de su madre. Ahí, el niño se percata de que aparte de él hay otros y de que la madre y él son dos en vez de uno. Así se conoce a sí mismo a través del otro y es el deseo del otro, el deseo de uno mismo. Este otro bien podría ser el padre, pero también un hermano, un trabajo, un ascenso, un libro… el mundo. Y este tercero le impone un prohibición respecto a su madre “¡con tu madre no!” y es entonces cuando el resto del mundo se abre para él. Ahí, cuando el niño se da cuenta de la existencia del otro que le prohíbe a su mamá, aparecen también por primera vez la envidia, los celos, la hostilidad hacia este tercero, el miedo a ser castigado si no renuncia, y por tanto, la primera represión de sus deseos. Esto es lo que hace que el niño se constituya como ser humano.
Esa primera represión del deseo de la madre (represión primordial) constituye la fundación del Inconsciente y el sujeto queda dividido en Inconsciente y consciente. Sin embargo, aunque el deseo se reprima sigue produciendo efectos desde el inconsciente, sobredeterminando los comportamientos, sentimientos, síntomas, sueños, etc. del sujeto.
Con la aparición del tercero, el niño “dividido” puede pasar a comprender la existencia de la sociedad y a desear el mundo. Así, el niño podrá pasar de lo natural, el bebé cachorro de la madre, a lo cultural, el pequeño humano social. El tercero como simbólico. El lenguaje como producto simbólico por antonomasia, nos diferencia de los animales. Por ese proceso de renuncia a la madre hemos pasado todos e Inconsciente, tenemos todos. Su proceso de construcción continúa cada vez, en análisis.
Autor: Johannes Vermeer. Obra: La joven de la perla.
NO HAY PUERTAS
Con arenas ardientes que labran una cifra de fuego sobre el tiempo, con una ley salvaje de animales que acechan el peligro desde su madriguera, con el vértigo de mirar hacia arriba, con tu amor que se enciende de pronto como una lámpara en medio de la noche, con pequeños fragmentos de un mundo consagrado para la idolatría, con la dulzura de dormir con toda tu piel cubriendo el costado de] miedo, a la sombra del ocio que abría tiernamente un abanico de praderas celestes, hiciste día a día la soledad que tengo.
Mi soledad está hecha de ti. Lleva tu nombre en su versión de piedra, en un silencio tenso donde pueden sonar todas las melodías del infierno; camina junto a mi con tu paso vacío, y tiene, como tú, esa mirada de mirar que me voy más lejos cada vez, hasta un fulgor de ayer que se disuelve en lágrimas, en nunca.
La dejaste a mis puertas como quien abandona la heredera de un reino del que nadie sale y al que jamás se vuelve. Y creció por sí sola, alimentándose con esas hierbas que crecen en los bordes del recuerdo y que en las noches de tormenta producen espejismos misteriosos, escenas con que las fiebres alimentan sus mejores hogueras.
La he visto así poblar las alamedas con los enmascarados que inmolan el amor -personajes de un mármol invencible, ciego y absorto como la distancia-, o desplegar en medio de una sala esa lluvia que cae junto al mar, lejos, en otra parte, donde estarás llenando el cuenco de unos años con un agua de olvido. Algunas veces sopla sobre mi con el viento del sur un canto huracanado que se quiebra de pronto en un gemido en la garganta rota de la dicha, o trata de borrar con un trozo de esperanza raída ese adiós que escribiste con sangre de mis sueños en todos los cristales para que hiera todo cuanto miro.
Mi soledad es todo cuanto tengo de ti. Aúlla con tu voz en todos los rincones. Cuando la nombro con tu nombre crece como una llaga en las tinieblas.
Y un atardecer levantó frente a mí esa copa del cielo que tenia un color de álamos mojados y en la que hemos bebido el vino de eternidad de cada día, y la rompió sin saber, para abrirse las venas, para que tú nacieras como un dios de su espléndido duelo. Y no pudo morir y su mirada era la de una loca.
Entonces se abrió un muro y entraste en este cuarto con una habitación que no tiene salidas y en la que estás sentado, contemplándome, en otra soledad semejante a mi vida.
Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre el mar.
Nunca persequí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción; yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse de sol y grana, volar bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino sino estelas en la mar...
Hace algún tiempo en ese lugar donde hoy los bosques se visten de espinos se oyó la voz de un poeta gritar "Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso...
Murió el poeta lejos del hogar. Le cubre el polvo de un país vecino. Al alejarse le vieron llorar. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso...
Cuando el jilguero no puede cantar. Cuando el poeta es un peregrino, cuando de nada nos sirve rezar. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."
Los síntomas de las neurosis poseen -como los actos fallidos y los sueños- un sentido propio y una íntima relación con la vida íntima de las personas en las que surgen. Si bien es cierto que cuanto más individualizado se hace un síntoma, más fácil es establecer esa relación, también los síntomas típicos pueden ser reducidos a sucesos típicos, es decir, comunes a todos los hombres. Ante una idea sin sentido o un acto sin objeto habrá que descubrir la situación pretérita en la que tales ideas o actos poseyeron sentido y objeto, ya que los síntomas, sueños, lapsus, olvidos, etc. , no son más que manifestaciones disfrazadas de deseos reprimidos en el inconsciente. Los mecanismos psíquicos que sustentan la enfermedad son los mismos que los de la salud, la diferencia entre la salud y la enfermedad descansa por tanto sobre un factor cuantitativo y no cualitativo. En consecuencia, todas neurosis son curables. El tratamiento psicoanalítico, al encontrar conflictos que han conducido a la formación de síntomas, intenta remontarse a la raíz de los mismos y producir otro resultado. El tratamiento analítico, impone al médico y al enfermo esfuerzos destinados a levantar resistencias internas que, una vez dominadas, dejan la vida psíquica del paciente modificada de un modo duradero, transportada a un grado evolutivo superior y protegida contra nuevas posibilidades patógenas. Es por tanto la lucha contra las resistencias la labor esencial del tratamiento analítico e implica al enfermo, en cuya ayuda acude el psicoanalista mediante la sugestión que actúa en sentido educativo. En contra de lo que sucede en otros tratamientos sugestivos, el psicoanálisis trabaja sobre la transferencia que se produce entre paciente y analista y, durante el tratamiento, las resistencias también se transforman en transferencias negativas (hostiles). Siguiendo la teoría de la libido, el neurótico no puede gozar ni obrar ya que su libido no se haya dirigida sobre ningún objeto real y el paciente se haya obligado a emplear toda su energía para mantener a su libido en estado de represión y protegerse contra sus asaltos. La misión de la terapia consiste en desligar la libido de su adherencia a los síntomas, que procuran al sujeto una satisfacción sustitutiva de sus deseos inconscientes. Partiendo de la transferencia se crean nuevas ediciones de los antiguos conflictos para que, con las interpretaciones del analista, el paciente llegue a diferentes soluciones ante los mismos, por movilización de todas las fuerzas psíquicas de las que dispone.
Virginia Valdominos a partir de Freud (Lecciones Introductorias al Psicoanálisis: Teoría General de las Neurosis 1916-17).
Al fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo: «No mueras, te amo tanto!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle: «No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos, con un ruego común: «¡Quédate hermano!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; incorporóse lentamente, abrazó al primer hombre; echóse a andar.
En la eropsiquis plena de huéspedes entonces meandros de espera ausencia enlunadados muslos de estival epicentro tumultos extradérmicos excoriaciones fiebre de noche que burmua y aola aola aola al abrirse las venas con un pezlambo inmerso en la nuca del sueño hay que buscarlo al poema hay que buscarlo dentro de los plesorbos de ocio desnudo desquejido sin raíces de amnesia en los lunihemisferios de reflujos de coágulos de espuma de medusas de arena de los senos o tal vez en andenes con aliento a zorrino y a rumiante distancia de santas madres vacas hincadas sin aureola ante charcos de lágrimas que cantan con un pezvelo en trance debajo de la lengua hay que buscarlo al poema hay que buscarlo ignífero superimpuro leso lúcido beodo inobvio entre epitelios de alba o resacas insomnes de soledad en creciente antes que se dilate la pupila del cero mientras lo endoinefable encandece los labios de subvoces que brotan del intrafondo eufónico con un pezgrifo arco iris en la mínima plaza de la frente hay que buscarlo al poema